El adjetivo «idiota» se usa principalmente como un insulto hoy en día, para referirse a alguien «tonto, corto de entendimiento» o «engreído sin fundamento para ello».

Sin embargo, muy poco tiene que ver esto con el origen etimológico de la palabra, que llegó al español a través del latín idiota, desde el original griego ἰδιώτης [idi⁠ˈ⁠ɔːtɛːs].

En este adjetivo encontramos la raíz ἴδιος [⁠ˈ⁠idios], que en griego significaba ‘de uno mismo, privado, particular, personal‘.

Con esta misma raíz tenemos otros sustantivos como «idiosincrasia» (RAE: «rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad») o «idioma» (RAE: «lengua de un pueblo o nación, o común a varios»).

Partiendo de la raíz de ἴδιος y el sufijo ‑ώτης, el adjetivo griego ἰδιώτης al inicio hacía referencia, de forma totalmente neutral, a una persona privada en el sentido de ‘un particular‘. De este significado básico se derivó el de la persona que se dedicaba únicamente a lo suyo, lo privado, y no a la vida pública, lo común. En Grecia se esperaba que un ciudadano participara en política, por lo que quien no lo hacía era el idiota que se ocupaba solo de lo suyo y no de lo público.

 


 

De aquí la acepción en que yo uso este adjetivo referido hacia mi: Persona dedicada a la introspección y transformación personal que acaba aislada de la sociedad, no enterándose de lo que ocurre a su alrededor y acaba llevándose todos los palos. Los propios y los ajenos también.

Así es como se trata hoy en día a un anacoreta en occidente.

Siempre me acaban convirtiendo en la justificación de sus miedos y errores por medio de una transferencia del yo: tu estaba? luego eres el culpable, aunque pasara por allí.

Pero sigo adelante, solo tengo un objetivo: la trascendencia, lo que quede en el camino…

Hoy idiota, mañana hikikomori.

 

Saludos, Fidel Gascueña.